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Reinhard Lauth, La filosofía de Dostoievski expuesta sistemáticamente
Traducción de Alberto Ciria


EL SENTIDO DEL SUFRIMIENTO


Dostoievski coincide con los argumentos de la filosofía negativa en reconocer que en la tierra hay una gran cantidad de horribles sufrimientos. „Es terrible lo mucho que el hombre tiene que soportar en la tierra. Es terrible la enorme desdicha que ahí se le depara.“ La visión de este hecho todavía se agranda si se tratan de considerar todos los sufrimientos que la humanidad ha tenido que soportar en el curso de su desarrollo histórico. La tierra está inundada de las lágrimas de los hombres. El sufrimiento lo encontramos en su manifestación más poderosa y arrebatadora en los niños. Los adultos han caído en pecado, están unidos por la solidaridad en el pecado, y su sufrimiento, al menos en parte, puede concebirse como castigo o bien como expiación por sus pecados. Pero los niños están aún libres de pecado, de modo que no se puede aducir esta razón ni tampoco se ofrece explicación alguna. Por este motivo, Dostoievski consideró el sufrimiento de los niños como el argumento de más peso en favor del ateísmo. "Si es necesario que todos sufran para comprar con los sufrimientos la armonía eterna, ¿qué tienen que ver los niños con ello?"

Las causas más importantes del sufrimiento son la humillación, la vejación y la injusticia, la conmiseración hacia el sufrimiento y la muerte de hombres queridos, la desesperación del alma que ya no puede creer en el sentido del ser, así como la imposibilidad de saciar el anhelo espiritual que vive en nosotros. Cuán grande puede ser ya sólo la compasión por un ser querido lo testimonia de modo arrebatador el sufrimiento de las madres por los hijos perdidos. Es como el llanto de Raquel, que "rehúsa ser consolada porque ya no existen".

Dostoievski ha presentado a una madre así en el capítulo "Mujeres creyentes", en
Los hermanos Karamazov. También la desesperación por una situación sin salida depara al hombre sufrimientos terribles. Tanto en la vida del individuo como en la historia de la humanidad hay momentos en los que el sentido de la vida que había sido válido hasta entonces se derrumba sin que aún se muestre un nuevo ideal esperanzador. Entonces se extiende una nostalgia tenebrosa sobre el alma de aquellos que en vano buscan la luz.

Todo hombre que no se limita a vivir la vida empequeñecida de una satisfacción puramente material de sus necesidades, sino que vive en la búsqueda de una armonía superior para la humanidad, tiene que verse necesariamente afectado por la visión de estos sufrimientos. Cuanto más grande es la lucidez y el amor, tanto más grande es también el sufrimiento de estos hombres. "Los hombres realmente grandes tienen que padecer en la tierra un gran sufrimiento (
stradanie)." Si hubiera que aceptar que todos estos sufrimientos son en vano y que no tienen ningún sentido, este pensamiento sería tan indignante que, a causa de él, todo amor se transformaría en odio contra un universo así establecido y contra su eventual creador. Ante la visión de los hombres sufrientes recaería sobre el alma una tristeza inconsolable.

Una aflicción demasiado intensa transforma a los hombres. Hay algunos que no encuentran expresión para su dolor y se vuelven sufrientes en grado máximo. En ellos, la aflicción se esconde en el interior del alma y se mantiene en silencio. En otros, en cambio, la pena "es desgarrada hasta que estalla en lágrimas, y desde ese momento irrumpe en un sinfín de lamentaciones". Estas penas sólo alivian en la medida que desgarran aún más la herida y hurgan en ella. Quien ha caído en una pena tal ya no quiere consuelo, sino que se nutre de su propio desconsuelo. Un sufrimiento grande y constante puede desgastar finalmente al hombre hasta el punto de que un nuevo sufrimiento que de súbito irrumpa apenas le sorprenderá ya.

Al hombre que ha caído en el sufrimiento máximo sólo le llega consuelo de modo indirecto, a través de una lenta transmutación del sufrimiento en serenidad y en alegría, si es que ese sufrimiento ha sido soportado sin sublevación (Job). Cuando el stáret Zosima recibe la visita de una madre que expresa su dolor infinito por su hijito perdido, y después de que toda otra palabra de aliento ha resultado infructuosa, le dice a ella: “No te consueles ni necesites consolarte. No te consueles y llora. Sólo que, cada vez que llores, recuerda sin falta que tu pequeño es uno de los ángeles de Dios, y que desde el cuelo te mira y te ve, se alegra de tus lágrimas y se las muestra al Señor. Llorarás aún durante mucho tiempo con este gran llanto de madre, pero al fin tu llanto se transformará en una sosegada alegría, tus amargas lágrimas serán, al fin, únicamente lágrimas de serena ternura y de purificación, que salva del pecado.” Dostoievski expuso este mismo conocimiento también en otros pasajes. María Timofeievna, la encarnación de la feminidad cósmica, cuando llora por su hijo conoce "el don de las lágrimas": "Todo sufrimiento terreno y toda lágrima terrena es para nosotros una alegría. Y cuando hayas regado con las lágrimas hasta la hondura de un pie la oscura tierra que pisas, en verdad que en esa misma hora todo será para ti motivo de alegría." También el santo Feofán de Wyschen habla de este "don de las lágrimas", de ese llanto interior y externo por el sufrimiento de los hombres que, con un efecto misterioso, transforma finalmente la aflicción en alegría. "De aquí nos viene, de modo incomprensible para todo entendimiento, la serenidad y la paz", dice equiparando este llanto a la oración. El santo Nil Sorski escribió un tratado particular sobre el tema. Las lágrimas son la mejor defensa contra la tentación, preservan al hombre del pecado como ninguna otra cosa lo hace. Una vez que el sufrimiento más duro se ha transmutado en "dulzura", "el hombre se halla en un estado de alegría tal como no puede alcanzarlo de otro modo en esta vida terrena; y nadie lo conoce salvo aquellos que se entregan con toda el alma a tal actividad". E Isaac el Sirio, a quien también conoció Dostoievski (lo cita en
Los hermanos Karamázov), escribió: "A quien se mantiene en el amor a Dios jamás le vencen las lágrimas." (Homilía 21) De estos hechos resulta que el sufrimiento y la alegría guardan una extraña relación recíproca, y que incluso quizá ambos se fundamenten en un nivel más profundo. Nosotros sólo podemos amar a través de sufrimientos y bajo sufrimientos. Los hombres lo saben y los aman: aman incluso estos dolores del amor. ¿Puede haber en el hombre un saber más profundo que el que afirma el sentido del sufrimiento?

Cuanto más profundamente se piensa sobre el sufrimiento, tantos más aspectos inicialmente omitidos se ofrecen ahora a la mirada. El sufrimiento lava los pecados del corazón, tanto si se trata de un sufrimiento propio que siempre es o puede ser también una expiación, como también si se trata de compasión, como ya advirtió Aristóteles. El sufrimiento puede ser tan intenso que destroce las convicciones más fuertes y orgullosas de un hombre y le enseñe la humildad. Ayuda como apenas ninguna otra cosa a superar el orgullo y a aprender verdadera humildad. El sufrimiento preserva también del pecado. El hombre atrapado en el dolor es limpiado de pecado y ya no puede fácilmente volver a pecar, quizá porque ha advertido el vínculo de causalidad entre pecado y sufrimiento. "Quien quiere escapar del pecado escapa de él mediante el llanto; quien quiere preservarse de él se preserva mediante el llanto", dijo, ya como una doctrina de los padres, el fundador de la vida escita, el Santo Nil Sorski.

Ya se ha dicho que, en la época en que escribió los
Apuntes del subsuelo, Dostoievski pensaba que el sufrimiento es la única causa de nuestro conocimiento. Más tarde, según parece, modificó su concepción en el sentido de que consideró que la llegada del dolor es necesario para la conciencia, para que pueda alcanzarse un conocimiento de la realidad. "¡Me afligen mil tormentos, sufro en la tortura, pero existo!", exclama el Dimitri Karamázov detenido. Sin el sufrimiento acabaríamos en el solipsismo. El sufrimiento es lo único que nos da a conocer lo que significan la vida, la luz y el amor, una vez que debemos o que tenemos que renunciar a ellos. Sólo en el sufrimiento se revela la voluntad de vivir. Sólo en el sufrimiento del amor advertimos que la persona amada está separada de nosotros y que nosotros la necesitamos. Aquellos que no conocen el sufrimiento, o que se ponen en situación del ser sufriente sólo de modo superficial, tampoco pueden vivir en la realidad, sino sólo en un mundo ficticio. "El saber y la conciencia vivientes que se sienten inmediatamente con el cuerpo y con el alma, con todo el proceso vital, sólo pueden adquirirse mediante el pro y el contra de tener que asumirlos sobre sí.”18a

Los sufrimientos hacen que los hombres lleguen a una reflexión y a una visión más profunda que provocan un cambio en su vida y la mueven a una conversión. Mediante el sufrimiento el alma se vuelve sapiente, y puede "abrirse el camino desde su infierno hasta la luz". “En verdad, en verdad os digo, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; mas si muere, dará fruto abundante.” Con estas palabras del evangelio de San Juan encabezó Dostoievski su novela
Los hermanos Karamázov. Sufrimiento real y hondo dolor pueden incluso convertir por un tiempo a un hombre superficial en un hombre serio y profundo.
Si el sufrimiento adopta el carácter de la compasión, entonces profundiza el amor en el hombre. Todo verdadero amor en la tierra está hermanado con el sufrimiento. A un hombre a quien se ama, en el sufrimiento todavía se le ama más íntima y profundamente. Y a uno a quien no se ama en absoluto, en el sufrimiento quizá se le puede llegar a amar.

Pero existe una disposición falsa hacia el sufrimiento. Algunos hombres se enamoran de su sufrimiento y buscan la autocompasión y los motivos de ella. Hallan deleite en el sufrimiento. Para esta búsqueda de sufrimiento Dostoievski acuñó el concepto de "egoísmo del sufrimiento". En algunos casos, este deleite en el automartirio es un estadio previo a la exigencia de autodestrucción, tal como procede del resentimiento. Aquí se ha introducido un sentimiento perverso de gozo. "El sufrimiento es la consecuencia del pecado y del mal. Pero al mismo tiempo el sufrimiento es redención", dice N. Berdiaev enlazando con las ideas de Dostoievski y apuntando con ello a los dos significados más importantes del sufrimiento. El sufrimiento terreno tenemos que concebirlo como consecuencia de la caída en pecado, por muy incomprensible que también sea ésta. Una parte del sufrimiento la reconocemos como efecto de la infracción de la ley moral, cuyo seguimiento, por su parte, trae alegrías. Alegría y sufrimiento, por tanto, a menudo acompañan o suceden al bien y al mal. Pero también hay sufrimientos que no se pueden explicar como consecuencia de tales pecados. Entre ellos están los sufrimientos de los niños. Sólo se podrían explicar eventualmente mediante la caída en pecado, pero esta explicación excede nuestra capacidad de comprensión. Tales sufrimientos son de hecho injustificados, y a aquel ser que tiene que soportarlos le otorgan un título especial. Son el mayor tesoro que puede conquistar un hombre en la tierra, pues le otorgan un derecho ante Dios. Los hombres que aman y sienten compasión y que han soportado este sufrimiento, pueden ofrendarlo por el hombre pecador cuya culpa quedó inexpiada.

Por otro lado, el sufrimiento tiene la gran significación acrecentadora de ser lo primero que permite al hombre conocimiento y amor en grado supremo. Puede servir como expiación para la injusticia universal, si se lo asume con el propósito correcto. La convicción de Dostoievski fue que el pueblo ruso ha comprendido como ninguno otro esta verdad. Su necesidad de sufrimiento expiador y purificador es inmensurable. "Incluso en la felicidad del ruso [...] se encierra una parte de sufrimiento, pues en caso contrario esta felicidad no sería para él perfecta. Jamás, ni siquiera en las horas de los mayores triunfos que conoce su historia, ha ofrecido el pueblo ruso un aspecto orgulloso o triunfante, sino sólo un aspecto arrebatado hasta el sufrimiento; respira bien, pero la gloria la atribuye a la gracia de Dios."

Desde un punto de vista puramente natural, el hombre a menudo no quiere sufrir, pues, ¿para qué consentir con ello? Puesto que la vida da muchos más sufrimientos que alegrías, si el hombre tiene una visión lo suficientemente lúcida, no querrá ya consentir en seguir viviendo. Se ve situado en la siguiente alternativa: "O bien largos sufrimientos y luego la muerte, o bien un sufrimiento breve y luego la muerte", y preferirá la última posibilidad. Pero si acepta el significado superior del sufrimiento, entonces no huirá de él, si consigue el convencimiento de que éste es necesario para la purificación de su alma, aun cuando el hombre sea inocente del sufrimiento que le aqueja y tenga que cargarlo por otro. Cristo nos enseñó a hacer acopio de fuerzas en vista del sufrimiento necesario, y a estar dispuesto a soportarlo, aun cuando sea inmensurable. El camino de la superación del sufrimiento en nuestra vida atraviesa por la aceptación del sufrimiento. Tenemos que estar preparados para él, por muy inmensurablemente grande que pueda ser, para expiar con él la injusticia universal y lograr un estadio superior del ser.

Pero por muy importante que sea el sufrimiento, no es ni puede ser el fin último de nuestra vida, según creen algunos hombres a causa de la desesperación interior en la que se encuentran. El sufrimiento encierra belleza, y el sufrimiento puede ser amado por el hombre, pero tiene que ser superado finalmente en un estadio superior de pureza moral, de belleza espiritual y de alegría perfecta. Sin embargo, la alegría después del sufrimiento se diferencia de la alegría original en que aquélla ha atravesado por el sufrimiento, y de algún modo ha sido iluminada por él.

El sentido último del sufrimiento sigue siendo inexplicable, porque nosotros no somos capaces de explicar el misterio de la caída en pecado. No obstante, toda filosofía positiva se diferencia de la filosofía negativa en que afirma el hecho del sufrimiento después de que lo ha tenido a la vista, y en que atribuye al sufrimiento un sentido, es más, en que intelige o intuye que la vida humana se enriquece y se profundiza con el sufrimiento. La opinión de Lubac de que Dostoievski estuvo convencido de que "en el nivel de la razón no hay ninguna respuesta" a la pregunta por el sentido del sufrimiento, es por tanto algo exagerada.

Cómo pensó Dostoievski la superación del sinsentido a través del sufrimiento se desprende un pasaje de
Los hermanos Karamázov: “Cuando el mundo se extinga”, mediante la intervención de Dios, “sucederá y se revelará algo tan sumamente valioso que bastará para todos los corazones, para vencer toda resistencia, para expiar todos los pecados cometidos por los hombres y toda la sangre que ellos derramaron; en una palabra, que bastará para que no sólo sea posible perdonar todo lo que ha sucedido con los hombres, no sólo perdonarlo, sino legitimarlo.” Para el pensamiento humano en su estado actual este acto de justificación es incomprensible. Sólo el pensamiento del sentido nos conduce a atribuir al sufrimiento, pese a todos sus aspectos negativos, una finalidad en la totalidad del ser que le da un sentido completo.

Desde este pensamiento es comprensible que Dostoievski diga que un hombre pueda ser "digno" o "indigno" del sufrimiento. El sufrimiento es enriquecedor y significativo para la vida humana. Quien ha sufrido mucho –más que quienes le rodean-, puede decirse que Dios le ha visto digno de cargar con este sufrimiento. El sufriente obtiene un derecho ante Dios, o al menos puede expiar su culpa. Así se entiende que el stáret Zosima, en presencia de un hombre a quien le aguarda un gran sufrimiento, se incline hasta el suelo. A través del sufrimiento se le da al hombre una consagración superior, y ante ésta cabe mostrar veneración.

Por último, hay que reconocer que nosotros los hombres sólo podemos ser dignos y participar de la dicha de una bienaventuranza eterna con Dios si previamente hemos superado una prueba moral. El hombre sólo se hace merecedor de su dicha merced a la superación y al sufrimiento. La prueba implica necesariamente sufrimiento, pero este sufrimiento conduce a la perfección. "La verdadera visión del mundo sobre la que se fundamenta toda la ortodoxia: no hay dicha en el bienestar, la dicha se compra con el sufrimiento."